Adaptación hedónica

La adaptación hedónica es la (enorme) capacidad que tienes como ser humano a adaptarte a distintas situaciones a lo largo de tu vida, ya sean buenas o malas. ¿Quieres un ejemplo? ¡La compra de un coche nuevo! Normalmente cuando alguien se compra un coche nuevo está muy ilusionado por él, puede llegar a ver características, comparar, imaginarse haciendo viajes, compartiéndolo o surcando carreteras solo o sola. Esta excitación crece hasta el momento de recibir el vehículo.

Pero, desde ese instante esta persona se va acostumbrando a su nuevo coche, pasan las semanas y va haciéndole menos ilusión, incluso con el paso de los meses ve defectos o se fija en otros modelos que SÍ LE ILUSIONAN. ¿Recuerdas la imagen que puse del estímulo y la adaptación de un sistema a dicho estímulo? Te la recuerdo:

Respuesta ante un estímulo unitario

Pues si esto lo podíamos aplicar a nuestro peso o composición corporal como vimos en el artículo anterior al cambiar hábitos alimenticios, también sirve para la adaptación hedónica. Tenemos un estímulo, nos adaptamos y lo aceptamos como “nueva normalidad”. En otras palabras, la adaptación hedónica es la tendencia que tenemos las personas de volver a un nivel relativamente estable de placer y felicidad, a pesar de los eventos y situaciones, tanto positivas como negativas, que vamos viviendo en nuestra vida. En el gráfico superior sería la diferencia entre el estímulo y el estado actual del sistema, al inicio es grande y luego el sistema se «acostumbra» al nuevo estado.

Un poco de historia: Hedonismo

El hedonismo nacía en Grecia de la mano de Epicúreo, de ahí que también se llame epicureísmo. Esta corriente filosófica se interpreta hoy día como la búsqueda de la felicidad a través del placer, es decir, que ser feliz consiste en sentir placer y evitar todo sufrimiento.

En sus orígenes Epicúreo basaba el placer en la búsqueda de la sabiduría, hoy la interpretación de esta corriente filosófica es algo más banal ya que se considera hedonista a alguien que busca la felicidad mediante el placer que le transmiten sus sentidos: comida, bebida, sexo o posesiones materiales.

¿Buena o mala?

Ambas. Me explico: Considero que las emociones y los pensamientos no son ni buenos ni malos, pero sí pueden estar más o menos alineados con lo que buscamos en nuestra vida. Esto hacen que sean útiles o inútiles y la adaptación hedónica no es una excepción, ya que se da tanto cuando la situación es favorable como cuando no lo es.

En el caso de bienes materiales o cualquier comportamiento que lleve al consumismo, a excesos innecesarios o a dependencia de estímulos externos te puedo asegurar que no te es favorable. Depender de tener que comprar más ropa, zapatos, coches, comer más, beber más, necesitar más likes… Voy a ser claro: te pudre el cerebro. Te va a crear una insatisfacción permanente y vas a ser infeliz.

A pesar de lo que te quiera vender quien sea: necesitas menos

Sin embargo no siempre se debe evitar esta adaptación hedónica, como has visto antes, ante una situación que te perjudique, adaptarte, aceptarla y partir de ahí te puede ayudar a seguir avanzando. Si has tenido un accidente y sufres secuelas, te han echado del trabajo, te ha dejado tu pareja o vives una situación desagradable, cuanto antes te adaptes antes vas a poder reaccionar. Esto está muy relacionado con la aceptación (que no resignación). Cuanto antes aceptes que tu realidad ha cambiado, antes podrás actuar y buscar trabajo, comenzar una rehabilitación o cambiar de hábitos. Por supuesto esto es muy genérico y cada proceso y persona tienen tiempos distintos.

Los peligros

Si nos centramos en las situaciones favorables, la adaptación hedónica es peligrosa y perjudicial. La sobre estimulación hace que cada vez necesites más para sentirte bien. Más ropa, más zapatos, más comida, más alcohol (¿te suena la tolerancia?), más likes, más estímulo sexual. Esta adaptación puede llevar a cabo cambios en nuestro cerebro, en especial cuando nos sometemos a múltiples estímulos de forma constante porque no sabemos estar aburridos o prestar atención a una cosa (¿has visto alguna serie mientras mirabas el móvil? ¿Has hablado con alguien mientras mirabas el móvil? ¿Has sentido NECESIDAD de mirar el móvil en lugar de disfrutar de una cena con amigos o familia?). Los efectos son claros:

  • Menor capacidad de atención y rendimiento intelectual.
  • Dependencia emocional de objetos.
  • Desperdicio de tiempo y dinero.
  • Dependencia de factores externos a ti.

Depender o necesitar algo te ata a ello. Cuantas más ataduras tienes menos libres eres. Si encima te atas a factores externos a ti como la aceptación o la opinión de tu entorno tanto en la vida real como en redes sociales o a estímulos e interacciones contínuas… Pierdes mucha libertad.

¿Cómo evitarla?

Practicando la incomodidad, la autoprivación y la gratitud. Hoy en día vivimos muy cómodos. Si estás leyendo esto tienes internet y un dispositivo capaz de conectarse a internet. Por tanto muy raro será que te falte comida, agua, un techo y una cama. Sin embargo cada día veo y escucho quejas de todo tipo: me va muy mal el ordenador, me va muy mal internet, mi coche no calienta/enfría/corre/loquesea lo suficiente, la comida tarda en llegar, hace frío, hace calor, ay qué asco, es que, es que, es que… Es que escucho muchas excusas. Y yo mismo también me quejo por cosas que al mirar atrás pienso «qué tontería». ¿Cómo minimizar esto? Te pongo lo que me funciona a mí:

  • Entrena la incomodidad: exponte a sesiones de entrenamiento de alta intensidad, date una ducha fría (o mejor aún lánzate de madrugada al mar o a un lago), acepta el frío, calor, la sed o el hambre aunque sea durante 10 minutos en lugar de calmar lo que sea que te moleste en el instante. Las situaciones desagradables existen y son parte de nuestra vida, negarlas es negar parte de nuestra existencia.
  • Practica la autoprivación: ¿te va mal internet o NECESITAS un coche más potente? Pasa un par de días sin internet ni teléfono, ve en bicicleta o caminando en lugar de en coche. ¿NECESITAS comer algo dulce después de comer? Haz un pequeño ayuno de unas horas (no vas a morir ni te va a pasar nada malo por no comer nada en 8 horas). ¿Te molesta la silla o la cama? Ahí tienes el suelo.
  • Agradece: si has hecho los deberes ya has practicado esto, pero si encima incorporas a tu vida algo de los dos puntos anteriores, la gratitud te vendrá sola. Escribe aquello por lo que estés agradecido. En mi cuaderno tengo cosas como “abrir el grifo y que caiga agua”, “tener comida en la nevera” o “respirar aire limpio”. También cosas más profundas pero hay días en que cosas tan básicas como esas me hacen sentir en paz.
Incomodiad: Sábado a las 7 de la mañana, 8ºC y listo para darme un chapuzón en el lago

Deberes

Hoy tenía pensado decirte que pasaras un par de días sin teléfono ni internet, series, netflix o lo que fuera. Incluso te iba a proponer que hicieras un ayuno hasta las 8 de la tarde, como hacían nuestros ancestros hasta que volvían con la caza o recolecta del día en muchas ocasiones. Tampoco te voy a decir que practiques una actividad intensa de al menos media hora 3 veces esta semana, o que andes 20 km un día. Eso es responsabilidad tuya si quieres mejorar o no tu salud.

Te propongo algo sencillo que sólo te va a llevar 5 minutos al final del día: Coge tu cuaderno (o un cuaderno si no tienes ya uno) y apunta todo aquello por lo que te has quejado ese día, todo lo que te ha incomodado o todo aquello que has dicho que necesites. Hazlo durante una semana. La reflexión te la dejo a ti.

Salud!

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