Dicotomía del control

¿Quieres conocer un concepto simple que te facilite la vida y te traiga calma en tiempos de tempestad? ¿Una herramienta útil que te permite tomar mejores decisiones? ¿Algo con lo que navegar mejor situaciones de alto estrés o exigencia, incluso crisis? Te presento a la dicotomía del control. El post de hoy va a ser corto, contundente y práctico.

“Sólo tras haber hecho frente a esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior.”

Epicteto

¿Qué es?

Saber diferenciar qué podemos y qué no podemos controlar.

Así de fácil de explicar y de entender, sin embargo no es tan sencillo interiorizarla y aplicarla en nuestras vidas, en nuestro día a día. Pero cuando lo haces vives mucho más tranquilo, encuentras ese equilibrio tan bueno entre fluir y controlar, entre dejar ir y mantener.

¿Para qué?

Para centrarte en aquello sobre lo que realmente tienes poder de acción, para que no te afecte más de lo necesario aquello sobre lo que no puedes hacer nada. A través de diferenciar qué depende de nosotros y qué no y actuar en consecuencia, puedes encontrar una gran paz mental y conseguir aquello que estés buscando. ¿Cómo? No viene gratis, se basa en una cosa: hacer. Cuando distingues qué puedes hacer y qué no, puedes centrar tus acciones y pensamientos en aquello que realmente esté bajo tu control, despreocupándote del resto.

¿Cómo incorporarla?

Como he dicho, este es un concepto práctico y no va mucho más allá de la explicación que te he dado. Ver qué cosas están bajo tu control e influencia, cuáles no y actuar en consecuencia:

Fuera de mi control

  • Caer enfermo de coronavirus.
  • Lo que dure la pandemia.
  • Que me despidan del trabajo.
  • La influencia de mi genética.
  • Aprobar un examen.
  • Una crisis económica.
  • Lo que alguien piense de mí.
  • Las expectativas de los demás

Bajo mi control

  • Tomar precauciones.
  • Adaptar mi vida a las circunstancias.
  • Trabajar lo mejor que sepa.
  • Lo que como y el ejercicio que hago.
  • Estudiar y preparármelo.
  • Tener una estrategia de ahorro.
  • Lo que yo pienso de mí.
  • Mis expectativas.

No puedes controlar tus circunstancias externas, pero sí qué haces respecto a ellas.

«Ya, pero es que hay alguien que creo que podría tomar mejores decisiones y no me escucha, ¿qué puedo hacer para que cambie?». Pues te dejo este briconsejo del amigo Marco Aurelio:

«Tu capacidad de influir sobre la conducta de los demás es mínima. Sin embargo, sí que tenemos mucha más capacidad de influir sobre nuestra propia conducta.

¿Por qué no te centras en eso, y dejas de intentar el imposible de hacer que los demás se comporten de otra manera?»

Marco Aurelio

Influencia en mi camino

Por último te dejo cómo me ha afectado descubrir y practicar este concepto, a modo de reflexión personal, para que me conozcas un poco mejor. Siempre me ha preocupado lo que piensen los demás de mí (qué raro, ¿no?) y además me he preocupado muchas veces por contentar al resto antes de hacer lo que a mí realmente me apetecía. Encima me gusta(ba) tenerlo todo bajo control, cuando digo todo es todo, un ejemplo:

Planear una visita a una ciudad y mirar antes en el google maps el punto exacto donde se puede aparcar, recorrido a hacer, horarios de aperturas de todo, dónde comer (por supuesto el mejor sitio de toda la ciudad en relación calidad/precio), horas de salida, de llegada, tiempos andando, si iba a ser mucho andar o muy aburrido para los demás que iban conmigo, que la comida fuera del agrado de todos, etc.

¡Un trabajazo! ¿Y sabes para qué? PARA NADA. Al final he pasado más tiempo pre-ocupado de que las cosas salieran perfectas que en disfrutar muchas otras. Sobre todo porque son cosas que no puedo ni controlar ni cambiar. En especial aquellas que conciernen a terceros. Pero supongo que por mi historia de aprendizaje he adquirido el don de la responsabilidad, que en ocasiones he aplicado erróneamente, auto responsabilizándome y poniéndome unas expectativas que no son realistas a mí mismo y al resto. Esto es lo que permite identificar y solucionar esta herramienta tan simple como efectiva pero difícil de aplicar.

Un día leí en un sitio, no recuerdo dónde, una frase que desde entonces digo mucho. El contexto es ese en el que alguien quiere hacer algo, pero le da vergüenza. Desde bañarse en un río, lago, piscina, playa, correr, saltar, pedir un helado, ir al cine a ver alguna película en especial y hasta besar a su pareja. La frase es: “hazlo, ¿qué van a hacer, dejar de hablarte?”, refiriéndome al resto del mundo, gente que ni te ha hablado, ni te habla, ni probablemente lo llegue a hacer nunca sin importar las condiciones.

Y para mí es así. Hay cosas que puedo controlar, pero otras muchas que no. Como te he dicho, antes eso me afectaba mucho e incluso no he hecho cosas que quería, por la posible opinión de los demás. ¿Y sabes qué? A nadie le importa, a muy pocas personas le importa lo que tú hagas. Ríe, canta y llora, quizás mañana no puedas.

¿Es esto la receta definitiva para ser feliz? No. Esa la tiene que hacer cada uno con su vida, esto es sólo una herramienta que a mí me funciona y que yo empleo, pero puede ser uno de los ingredientes.

Sobre lo que no puedas hacer, no te pre-ocupes, de aquello que puedas solucionar, ocúpate.

Salud!

Deja un comentario