¿Es tu vida aburrida?

No sé si será tu caso, pero es el de un gran número de personas, especialmente aquellos activos en redes sociales. Cada día a casi cada hora se pueden ver fotos de los últimos viajes a lugares inimaginables, compras de coches, casas, bodas, entrenamientos larguísimos con millones de ejercicios que debes incluir en tu rutina porque si no no conseguirás atacar al músculo en el ángulo correcto… Probablemente estés constantemente bombardeado por tantos mensajes que tu cabeza no sea siquiera capaz de procesarlos todos.

Y tu día muy probablemente se base en levantarte temprano, trabajar, tener un poco de tiempo libre que dedicarte a ti, a los tuyos, a tu mascota o a quienes tengas en casa, quizás hacer algo de deporte, cenar y vuelta a repetir. Probablemente tu rutina de ejercicio se repita y tu rutina alimenticia no sea de restaurante Michelin cada día con vistas a la torre Eiffel. Con suerte tienes los fines de semana libres para recuperar algo de tiempo que no has tenido entre semana, salir, relajarte y hacer algo distinto.

¿Crees que vives una vida aburrida?

Entonces, ¿es tu vida aburrida?

Tu vida es normal

Y no hay nada de malo en ello. Es más, es incluso más normal que nunca sentir cierto aburrimiento en estos tiempos que corren en los que nuestras opciones de ocio y contacto social están mucho más limitadas que antes de la pandemia. Es más, tener la posibilidad de levantarse cada día, hacer un trabajo y tener tiempo libre para dedicarte a ti o a los tuyos de forma regular, es algo de lo que estar orgulloso y agradecido.

Bueno, probablemente ahora no sea muy normal. En la situación en la que vivimos no nos podemos mover con normalidad, ver a nuestros seres queridos ni amigos. En muchos casos ni siquiera podemos trabajar con normalidad, viendo a nuestros compañeros, estando en la oficina, en reuniones, etc. En la situación actual se unen una posible rutina que ya tengas, los millones de inputs que te lleguen por todas partes (redes sociales, televisión, internet…) y encima las restricciones de la pandemia.

¿Estás perdiendo el tiempo? ¿Estás tirando tu vida a la basura por no llevar ese mismo ritmo y tren que el resto? Lo dudo mucho.

El efecto iceberg

Justo a este punto es a donde quería llegar. En muchos aspectos de la vida se produce el efecto iceberg: Estás viendo algo que es espectacular, algo digno de admirar, pero ignoras que lo que queda a la vista es tan sólo una pequeña fracción de todo lo que hay por debajo sustentándolo.

Los iceberg pueden ser majestuosos, pero la parte visible es una pequeña fracción

¿Por qué te cuento esto? Porque el efecto iceberg está muy presente en nuestras vidas: cuando vemos a alguien con éxito laboral, que ha acabado una carrera difícil de estudiar, que tiene un cuerpo en forma o que está de viaje en alguna isla paradisíaca y lo ves en tu red asocial favorita:

  • Detrás del momento del anuncio de un ascenso laboral, suelen haber muchos años de trabajo detrás, además de esfuerzos y resultados continuados en el tiempo. Pero no nos quedamos con eso, nos quedamos con el momento del ascenso o el momento de la mejora.
  • Detrás de una competición deportiva hay años de dedicación diaria con rutinas repetitivas y agotadoras física y mentalmente. Años para algo que dura una o dos horas y que es lo que luego se ve. De hecho si le preguntas a deportistas de competición, es muy común oír que esas horas son lo de menos.
  • Detrás de fotos de París, Londres, Nueva York, Bali, etc. hay un año de trabajo que muchas veces es aburrido y monótono (por eso se llama trabajo y no «echar una cerveza con los colegas»), para poder permitirse una semana o dos de vacaciones por ahí.

Y ahí es cuando entras a Instagram y se produce el efecto de ver un bosque de puntas de iceberg que vienen de la vida de otros. Si tú durante tu año tienes 1 viaje, cada 10-15 años compras un coche, 2 veces en tu vida cambias de casa o de ciudad, pero sigues a 200 personas, vas a ver 200 icebergs. Mientras más del 90% de tu tiempo lo estarás dedicando a construír la base del tuyo y poder disfrutar de esos momentos puntuales, cada vez que te metes en una red social, estás concentrando ahí los momentos de decenas de personas, ignorando toda la historia que haya por detrás.

Mi ejemplo: hacer el pino

Ya he hablado de esto alguna vez y quienes me sigáis en instagram lo habréis visto. Hace un año, cuando me confinaron por primera vez, comencé a hacer algo que no tenía ni idea de cómo hacer (salvo muchos intentos fallidos en la playa): hacer el pino.

Hacer el pino es una cosa relativamente «tonta», te pones boca abajo y aguantas tu peso sobre las manos. No tiene mucha utilidad salvo algunas competiciones de deportes como el crossfit, pero hace un año, con toda vida social y opciones de ocio limitadas, algo había que hacer y me dio por ahí. Muchos días he estado subiendo vídeos de cómo practicaba, pero todos los días lo he intentado aunque fuera una vez (no lleva más de 1 minuto).

Hoy, tras 1 año, puedo hacer una transición relativamente resultona desde sentarse en L a hacer el pino y aguantar, pero partimos de la base de que llevo haciendo distintos deportes desde que tenía 5 o 6 años y me apuntaron a kárate y lo que peor llevaba era simplemente el equilibrio. Pero de nuevo, 15 segundos de vídeo (la cima del iceberg) supone 1 año de intentos diarios.

Hacer el pino en sí, como he dicho, es una tontería. Pero lo que te enseña no. Yo lo he usado a modo casi de meditación, para aprender a escucharme, saber cuándo estaba cansado y cuándo estaba centrado y sobre todo para recordarme el saber esperar resultados, ya que peco de muy impaciente (soy un ansia viva).

Por eso, si alguna vez te planteas que algo te lleve «demasiado» esfuerzo o no veas avances, no desistas, para que se vea la punta del iceberg flotando, hay que construir una base 10 veces más grande como mínimo.

Recuerda que lo importante es la base, pero la clave es borrarse de instagram ser conscientes de esos pequeños momentos o triunfos en tu día a día y disfrutarlos cuando ocurran.

Salud!

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