Flexibilidad

Ser flexibles y saber adaptarnos es lo que nos ha llevado a evolucionar desde primates a lo que somos hoy en día. Es lo que marcó la diferencia con el resto de especies cuando nuestros antepasados vivían, pero también lo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso. Es una actitud inteligente y además, desde mi punto de vista, minimalista. Una actitud que además, en los tiempos que corren con pandemias y continuos cambios que nos afectan personal y laboralmente, nos viene bien tener en cuenta.

Ya hemos tratado los conceptos básicos del minimalismo y su aplicación más directa, el mundo material. Sin embargo, el tener un punto de vista o un estilo de vida minimalista nos hace flexibles, adaptables. Para mí, una cosa y la otra son inherentes y van de la mano de la aceptación, la evolución y el crecimiento a todos los niveles, ¿te interesa?

Aceptación

Saber reconocer y aceptar la realidad es el primer paso para ser flexible y adaptarnos a los cambios. Esto puede ser especialmente difícil en cambios bruscos o inesperados, como la situación que estamos viviendo de estar encerrados en casa durante semanas por un virus. Yo no sé tú, pero a mí al principio me costaba aceptar que ahora trabajo desde casa, que no puedo ir al gimnasio, salir a la calle a echar un rato con mis amigos en el centro…

Y sin embargo es fundamental. Los primeros que reconocen y aceptan las situaciones de cambio, son los primeros que pueden adaptarse a ellas. No sólo para pandemias mundiales como la que vivimos en los momentos en que escribo este texto, sino también para nuestras vidas normales. ¿O es que nunca has oído eso de “cualquier tiempo pasado fue mejor”? La nostalgia y recordar lo bueno de nuestras vidas está genial, pero quedarnos “enganchados” a esos pensamientos y recuerdos y pretender que sí o sí las cosas pueden volver a ser así, es no saber aceptar que la situación es distinta.

La vida cambia, a veces ganas más y puedes permitirte un viaje en verano, a veces menos y te quedas en tu ciudad o pueblo. Cada año que pasa tienes un año más, en tu carrera profesional puedes tener varios trabajos, en tu vida amorosa distintas parejas o estar soltero. A veces vas a la compra y como me ha pasado esta misma mañana, saliendo del parking tienes un percance con el coche y otro conductor y sales con una bonita marca de aparcamiento en tu paragolpes… Pero no pasa nada, simplemente son situaciones o sensaciones, se miran, se aceptan y en caso de que no nos gusten, podemos ver qué hacer para cambiarlas.

Aceptación vs resignación

Dicho lo anterior, aceptar algo no es resignarse a ello y son conceptos que se pueden confundir. La aceptación es útil, nos ayuda a reconocer nuevas situaciones, a ser conscientes de los cambios y a poner también nuestras condiciones sobre la mesa si lo que queremos es cambiar algo que no nos guste de nuestra vida. La resignación es inútil, pasiva y no nos lleva a nada. Resignarse consiste en someterse y rendirse a una situación negativa para nosotros y no hacer nada para cambiarlo, aunque esté en contra de nuestros valores. Vamos con un par de ejemplos:

  • Trabajo con malas condiciones: Por circunstancias de la vida a veces hay que aceptar empleos cuyas condiciones son lejanas a nuestro ideal, es lo que tiene vivir en el mundo real y no en instagram, donde todo es perfecto. Sin embargo, ante un empleo con poco sueldo o malos horarios, podemos tener dos actitudes muy distintas: aceptarlo o resignarnos a ello. Si nos resignamos a ese empleo estamos tirando la toalla y asumiendo que “eso es lo que hay” (odio esa frase) y con eso hay que vivir. Por el contrario, aceptando que estamos en esa situación y que no es la que queremos, podemos adaptarnos para mejorar nuestra formación, buscar otro empleo o cambiar nuestras condiciones. Una actitud es pasiva y la otra activa.
  • Bajo estado de forma física: ¿Quién no ha estado pasado de peso alguna vez? ¿O en baja forma física? Si el deporte y la salud son importantes para nosotros, no podemos resignarnos a “estar pasados” y ya está, no seríamos consecuentes con nuestros valores. Además nuestro cerebro va a encontrar hasta justificaciones de por qué está bien que estemos en baja forma física y que “eso es lo que hay”, auto convenciéndonos incluso y yendo en contra de nuestro valor personal de tener un buen estado de salud o forma. De nuevo, una actitud muy distinta sería tomar consciencia de la situación y afrontarla, aceptamos que estamos tocinetes (hablo desde la experiencia) y pasamos a la acción.

Y lo mismo pasa con las finanzas personales, con el desorden de nuestra casa o con lo que sea que nos pueda afectar de forma negativa, mirar para otro lado y resignarse es inútil, no cambia nada. Aceptar la situación, tomar consciencia y pasar a la acción sí es útil.

Volatilidad

Ser flexible no debe confundirse tampoco con ser volátil, con cambiar de opinión o parecer al mínimo inconveniente que nos encontremos, con ser un veleta. Recordemos que esto va de minimalismo: nos quedamos con lo que aporta valor, nos comprometemos con lo que y con quien nos da sentido. Debemos tener claros nuestros valores y actuar en consecuencia. Si hoy tenías planificado salir a correr (o hacer ejercicio en casa, que es lo que se puede en estos momentos) pero estás cansado, tienes sueño o te duele el dedo meñique de la mano izquierda porque se te ha quedado dormido… Saltarte el entrenamiento no es ser flexible, es no actuar en consonancia con lo que crees. Ser flexible no es carecer de compromisos, es saber elegirlos.

El caso contrario

Lo contrario a la flexibilidad es la rigidez, rigidez de pensamiento y actitud. El no saber adaptarse a nuevas situaciones, a nuevos tiempos sólo porque “es que esto es lo que hay”, “es que así se ha hecho toda la vida y no lo vamos a cambiar”… Por suerte las crisis como la que vivimos tienen una cosa buena: esa gente rígida que por algún motivo ha llegado a tener cierta relevancia (por ejemplo profesional), es fácil y naturalmente sustituída, siempre ha sido así gracias a nuestro amigo Darwin en nuestra historia evolutiva. Pasa lo mismo con los negocios e incluso grandes empresas completas: Si no nos reinventamos, morimos, ha pasado durante millones de años en la tierra con miles de especies.

Minimalismo

Vale, todo eso está muy bien pero, ¿y el minimalismo? El minimalismo y la flexibilidad, como ya he dicho, van cogidos de la mano. Ser minimalista implica quedarse con lo esencial, saber elegir qué es importante y no aferrarnos ni a objetos, ni a personas, ni a ideas o pensamientos que no nos aporten valor en nuestras vidas. Y esto nos hace flexibles ante los cambios, pues tendremos claro qué es importante y qué no, podremos fluir y adaptarnos a las circunstancias ya que llevaremos una mochila más pequeña y más valiosa a nuestras espaldas.

De igual modo, la flexibilidad en sí es una idea muy simple, implantada directamente en los genes de aquellos que evolucionan, que saben adaptarse, salir adelante y golpear con fuerza si fuera necesario, porque tienen claro qué necesitan y qué no.

¿No te crees lo que te digo? ¡Pues discútelo con el amigo Bruce!

Bruce Lee: flexible, adaptable y fuerte

Empty your mind, be formless, shapeless — like water. Now you put water in a cup, it becomes the cup. You put water into a bottle it becomes the bottle. You put it in a teapot it becomes the teapot. Now water can flow or it can crash. Be water, my friend.

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