La importancia del lenguaje

¿Eres consciente de cómo hablas? Y, ¿sabes el impacto que tiene lo que dices y lo que te dices en ti? Además, las palabras unas vez que las dices, no las puedes des-decir, sino que todo va sumando.

El lenguaje que usamos, tanto verbal como no verbal, es algo que frecuentemente descuidamos, empleando palabras, expresiones y posturas que no nos hacen ningún bien, sino todo lo contrario. Todo lo que decimos y hacemos resuena en nuestra cabeza, es un mensaje que no sólo lanzamos al exterior, sino también a nosotros mismos. Por eso, escuchar repetidamente el mensaje adecuado es de vital importancia.

Elige bien tus palabras, hoy te hablo sobre ello

Cuidado con las quejas

Seamos claros: todos nos quejamos. Alguna vez, por algún motivo, todos hemos tenido quejas de algo y es normal, no pasa nada y es sano airear ciertas cosas. Pero es eso, con motivos, bajo circunstancias específicas y para sacarlo y dejarlo ir. Lo cierto es que la queja, aunque pueda sentar bien a nivel de desahogo, es un arma de doble filo.

  • Por un lado tenemos la queja útil, esa que dejas salir cuando te ocurre algo y te viene bien desahogarte. La sueltas y sigues con tu vida.
  • Por otro lado, tenemos la queja recurrente: En realidad no importa la causa, es más el comportamiento quejicoso continuo que siempre acaba encontrando un motivo de queja.

¿Por qué quejarse de forma recurrente es malo? Porque de forma repetitiva estás mandando un mensaje negativo, tanto a ti mismo como al resto. Cuando te mandas de forma continua mensajes del tipo «esto está mal», que es lo que ocurre cuando te quejas por algo, acabas creyéndotelo.

La cura contra la queja: GRATITUD

Si lo anterior te ha escocido un poco no te preocupes, quejarse mucho tiene cura: practicar la gratitud. Realmente hay pocos motivos reales por los que quejarnos: Lo hacemos si hace frío o calor, si la comida no nos gusta o ha quedado salada o quemada, si nuestro jefe nos pide más o si nos han puesto una multa de tráfico. Nos quejamos por el tiempo si llueve y teníamos planes, porque alguien llegue tarde a una cena o por tener que ir al supermercado.

Con esto no quiero invalidar las emociones que sentimos en estas situaciones, son normales ya que son situaciones que pueden no ser agradables: pero la solución no es regocijarse en ellas. Tampoco quiero mandar un mensaje de falso positivismo permanente Mr. Wonderfull porque la vida no es así.

Lo que te propongo que hagas es lo siguiente: La próxima vez que te vayas a quejar por algo (o cuando lo hayas hecho), piensa de forma objetiva acerca de los hechos por los que te vas a quejar y en su lugar, practica la gratitud.

  • Puedes quejarte de que tu coche no es el último modelo, o estar agradecido por tener un coche que funciona.
  • Puedes quejarte de tener mucho trabajo que hacer, o estar agradecido por tener un trabajo cómodo que te da un sueldo cada mes (y eso de «mucho que hacer» se puede gestionar).
  • Puedes quejarte de que tienes que entrenar para mantenerte en forma, o estar agradecido por tener suficiente salud para entrenar.

Como he dicho no quiero caer en falso positivismo, pero si cada día te recuerdas todas esas cosas buenas que ya tienes, te mandarás un mensaje de abundancia. Y vivir en abundancia (gratitud) es mucho mejor que vivir en escasez (queja).

No «tienes que», no «necesitas»

Realmente hay un número muy muy pequeño de cosas que «tengas que» hacer o que «necesites». Las expresiones «tener que» o «necesitar» expresan una obligación imperiosa, algo obligatorio que requiera tu atención, esfuerzo y tiempo. La realidad es que usamos mucho esas expresiones en situaciones que en lugar de obligación, lo que tenemos es una preferencia.

En muchas ocasiones lo que realmente queremos expresar es un “me gustaría”. Si no, plantea lo siguiente: ¿qué ocurriría si no haces lo último que has dicho que “tienes que” hacer? ¿Qué ocurriría si no consigues eso que «necesitas»? Probablemente nada grave. Es más, seguro que si me estás leyendo es porque tienes un móvil, tablet u ordenador con conexión a internet, así que ya te digo que la mayor parte de tus necesidades están más que cubiertas.

Prueba a cambiar los “tengo que” (qué yo los he usado mucho) por “quiero” o “me gustaría”. ¿Un ejemplo fácil con una prenda?

«No necesito un abrigo nuevo, ya que tengo uno, pero me gustaría comprar uno para tener un aspecto más actual en mi trabajo. Además así puedo donar el anterior«.

Todo lo que dices también te lo dices

Como indico en el punto anterior, a tu cerebro le importa lo que dices y lo que haces. En especial le importa la coherencia entre lo que dices y lo que haces. Ser congruentes entre lo que decimos y hacemos es clave para una mente ordenada, en calma y por tanto, mucho más eficiente y capaz de más. Para ello, el lenguaje que usamos es clave.

Al igual que con la queja, si lo que dices es «necesito esto», «necesito lo otro», «tengo que esto» y «tengo que lo otro» estás mandando un mensaje de escasez, tanto al resto del mundo como a ti.

Al cambiar los mensajes de queja y de necesidad por gratitud y abundancia le estás diciendo al resto y te estás diciendo a ti que estás bien y que eres suficiente, que tienes suficiente. Y normalmente nos sentimos mejor cuando estamos en abundancia que cuando estamos en necesidad.

Por esto, cuida tu lenguaje, cómo hablas y cómo te hablas.

Salud!

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