La píldora mágica

Imagina que existiera una píldora. No una cualquiera de las millones que existen para tantas cosas, algunas necesarias pero otras muchísimas innecesarias, no. Una píldora mágica. Al tomarte esta píldora de forma automática conseguirías aquello por lo que andas esforzándote ahora mismo: Un cambio de trabajo, ponerte en forma, algún proyecto en curso… Ojo, es mágica pero poco, tienen que ser cosas realistas que con esfuerzo, paciencia y tiempo serías capaz de llevar a cabo de forma normal. ¿La tomarías?

No sé si es tu caso, pero muchísima gente sí lo haría. ¿Quién no querría tener un cuerpo escultural? ¿O el trabajo de su vida? ¿O una casa terminada? ¿O acabar los estudios? ¿O un entorno familiar agradable? Todo esto con tomar una píldora… Pues por suerte no existe, pero por desgracia muchos piensan que sí.

Elige: sé feliz creyendo en soluciones mágicas o acepta que las cosas requieren esfuerzo

¿Por qué pensamos que sí existe?

Pues no lo sé, pero te traigo una teoría, lo que sí sé es que lo hacemos, pensamos que existe una píldora, una fórmula mágica que nos traiga resultados rápidos. Y nuestro instinto básico es el de tratar de conseguirla. Probablemente (y esto ya es una divagación mía) venga por nuestros instintos: Siempre buscamos la forma más fácil de conseguir algo.

Cuando inviertes menos energía en conseguir algo, eres más eficiente. Cuando eres más eficiente, te expones menos tiempo a cierto esfuerzo. En el mundo animal los esfuerzos ocurren cuando tienes que conseguir comida o intentar no convertirte en comida. Es decir: más esfuerzo puede llevar a menos supervivencia. Y es que claro, la eficiencia suele ser buena, conseguir más pagando menos, cuando es nuestra vida la que está en riesgo es normal no querer pagar más de lo justo y necesario por conseguir ese resultado.

El problema es que esto era así hace 15.000 años, no hoy en día (bueno sí, pero en lugares donde estoy seguro de que no me están leyendo). Vivimos en una sociedad donde tenemos una supervivencia garantizada frente a depredadores, pero con un cerebro que no ha cambiado tanto. Es normal querer cosas fáciles y sentirse atraído por ellas. Y entre otras cosas esto es lo que explota el marketing.

Queremos cosas fáciles, queremos resultados rápidos. Por eso existen y tienen tanto éxito (de ventas, que no de resultados) tantas dietas con nombre y tantas «rutinas perfectas de ejercicios para conseguir abdominales en 30 días» y tantos vendehumos con cursos «que te garantizan la libertad financiera en menos de un año».

¿Y por qué por suerte no existe?

Porque entonces la vida perdería su sentido, todo carecería de valor y sufriríamos una constante infelicidad e insatisfacción personal. Ahí lo llevas.

Lo que pensamos que es la felicidad es muchas veces el problema. Creemos que cuando consigamos «algo» entonces seremos felices y esto va desde cosas materiales hasta intangibles: un coche, una casa, una familia, terminar la carrera, un trabajo…

No te preocupes si te pasa, es normal y la culpable es una hormona: la dopamina. La dopamina es la hormona de la expectativa, de la motivación por iniciar algo, te hace mirar siempre hacia delante, a lo que está por venir.

Escribes cosas poco atractivas

Hace tiempo un amigo me dijo que le gustaba mucho (el mucho lo he añadido yo) lo que escribía porque entre otras cosas era poco atractivo. La conversación fue más o menos así (me permito alguna licencia porque estoy tirando de memoria):

  • Fernan: Tío, he estado leyendo tu blog y me gusta, escribe cosas poco atractivas!
  • Yo: Hostia, ¿gracias? Jeje. ¿A qué te refieres con poco atractivas?
  • Fernan: No a ver, que no te centras en lo típico que pone todo el mundo en instagram.
  • Yo: Desarrolla un poco, creo que sé por donde vas…
  • Fernan: A ver, lo fácil sería hacer una dieta realfooding «Ay qué guay y en 30 días vas a tener tu cuerpo playero» pero te centras en que lo importante son las bases, la constancia y la paciencia, lo cuál no es la solución rápida que suele buscar la gente.
  • Yo: Claro hombre, es que ¡eso no vale para nada!

Y lo mantengo, lo cuál viene muy a raíz de este post. Cualquier dieta que prometa resultados rápidos no sirve de nada (de nada bueno), cualquier rutina de ejercicios que te prometa resultados rápidos no sirve de nada, cualquier plan de inversión que te prometa resultados rápido es mentira. Las píldoras mágicas no existen. Son atractivas, pero son cantos de sirena.

Algo similar me pasó cuando una amiga de mi pareja le hizo preguntarme qué había que hacer para ponerse fuerte y definido. Les dije que era fácil: Entrenar entre 4 a 6 veces por semana con rangos de fuerza, con sobrecarga progresiva, eliminar procesados y alcohol y tener un cierto control calórico y de macronutrientes para conseguir objetivos según la fase en la que estés. ¿La respuesta por su parte? ¡Una total pérdida de interés! Y es cierto, puede no sonar muy atractivo, pero es lo que funciona.

Para acabar os dejo una cita que leí esta mañana en el libro que ando leyendo:

Tened paciencia. Id a donde tenéis que ir, ¡y confiad!

Gandalf

Lo que funciona y está probado, funciona. No es inmediato, puede no ser lo más atractivo del mundo, pero funciona.

¡Salud!

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