Lidiando con cambios

A todos, en algún momento de nuestra vida, nos toca lidiar con cambios: de colegio, amigos, parejas, trabajo, ciudad, país… Pues en esas estoy yo ahora. Tras 3 años en Alemania trabajando para una industria en la que llevaba 8 años y medio (en distintos lugares y con distintos perfiles), me toca un cambio bastante grande.

Este post va a ser un poco más personal que otros, te podrá servir o no de inspiración, pero me gusta hablar sólo de aquellas cosas que he probado en primera persona. Si estás pasando por una época de cambios en tu vida, no sabes cómo lidiar con cambios o simplemente quieres conocer un poco más de mí, quédate, quizás te sirva de algo.

Lo único permanente es el cambio.

Buda

Los cambios, ya sean decididos por nosotros como impuestos, así como tomar esas decisiones que nos pueden llevar a esos cambios, se trata de algo que puede ser sumamente incómodo. Desde un punto de vista evolutivo nos gusta estar en la situación más estable posible: Los cambios entrañaban peligros como depredadores, tribus hostiles, etc. Recuerda que esto se daba hace tan sólo 10.000 años y nuestro cerebro apenas ha evolucionado.

Por suerte, si estás leyendo esto lo más probable es que no tengas que investigar si en tu nueva zona hay una manada de leones o una tribu territorial que puedan ser peligrosos. Pero esto tu cerebro realmente no lo sabe. Además los grandes cambios en la vida (nuevo trabajo, casa, mudanza, país) conllevan un gran gasto energético, que también va en contra de ese instinto de supervivencia.

Por esto, entre otras cosas, los cambios son difíciles. Y esto es normal.

Cambio voluntario

En mi caso ha sido un cambio voluntario, buscado y decidido por mí. Lo cuál también tiene su aquel ya que he tomado una decisión en la que:

  • Cambio de país, tras 3 años en Alemania marcho a Suecia.
  • Cambio de empresa, tras 8 años y medio relacionado con ella.
  • Cambio de sector, a uno en el que nunca he trabajado.
  • Cambio de cultura, poco tienen que ver mi Andalucía con dónde estaba en Bavaria a dónde voy en el Norte de Suecia (y del mundo).

Tras muchos años, dejo un trabajo estable, en un sector estable, en el que creo que es de los países más estables de Europa. Principalmente hay dos motivos por los que cambiamos de forma proactiva y voluntaria: para alejarnos de lo que no nos gusta o para acercarnos a lo que nos gusta.

Y es por esto último por lo que estoy llevando a cabo este cambio de vida, lo cual es una grandísima suerte. Por supuesto tiene otras dificultades: elegir activamente qué hacer. Algo que al menos yo no he aprendido ni en el colegio, instituto o universidad. Las elecciones no siempre son sencillas: Si es entre recibir 50€ o que te den un martillazo en el pie, es muy fácil, pero cuando tienes dos opciones comparables y además ambas son buenas pero distintas, es cuando decidir es difícil.

El cambio duele

Cuando el cambio es impuesto, cuando nos viene de fuera, poco podemos hacer más allá de tratar de resistirnos (que puede ser inútil) o aceptarlo. En ambos casos supone, como indico anteriormente, un alto gasto energético al menos de forma inicial, ya que si viene impuesto (como nos ocurrió en 2020) por mucho que te resistas llega un momento en que paras o te agotas.

Pero es aún más difícil iniciarlo. Hay mucha, mucha gente que tras estar una jornada de trabajo en una oficina, en lugar de cuidar su salud física y mental dando un paseo al salir y/o entrenando, se van directos al sofá a ver netflix y pedir comida a domicilio. Estas personas no cambian de hábitos hasta que seguir como están les supone más dolor que el que conlleva el cambio que necesitan. Además en este caso supone otro dolor: asumir que estabas haciendo cosas que eran malas para ti.

Pues bien, esto es así. Si alguien espera cambiar su estilo de vida se va a encontrar con mucha incomodidad, con mucha resistencia. Vamos a encontrar resistencia hasta cuando el cambio está alineado con lo que queremos conseguir. Y es bueno ser consciente de ello.

¿O nunca has planificado entrenar y llegado el momento no tenías ganas?

Es un ejemplo sencillo y cercano que nos pasa a todos los que entrenamos, pero que aplica a todo. Entrenar es algo que consume energía, que nos va a poner en situaciones incómodas por alta exigencia física. Entrenar es doloroso nuestro instinto de supervivencia.

Si algo tan simple como ir a entrenar nos genera resistencia, ¿cómo crees que es un gran cambio de vida? Ya te lo digo yo: las sensaciones se multiplican por un millón, tanto las buenas como las menos agradables.

Los cambios son necesarios

Salvo que te quieras quedar como estás (y aún así el mundo va a cambiar y seguro que algo tendrás que adaptar), cambiar es necesario en muchos aspectos, desde el punto de vista de la evolución profesional hasta tener cierta mejora personal. Al menos yo no conozco a nadie que esté como se quiere quedar para siempre en todas las facetas de su vida.

Para acabar y dentro de que estoy inmerso en un proceso de cambio (ahora mismo casi todas mis cosas están en cajas y estoy en un apartamento provisional durante un mes), te traigo 5 puntos sobre cómo afrontar los cambios:

  1. Traza un plan: Escribe en un papel tu objetivo y los pasos intermedios. Planifica de antemano lo que tendrás que hacer con el nivel de detalle que puedas conseguir.
  2. Pide ayuda: Tu ego es un gran enemigo, a todos nos gusta darnos un golpe en el pecho y ver lo que hemos hecho, pero no es eficiente. Yo he contratado un servicio de mudanza y además he pedido ayuda a mi mujer para los trámites burocráticos. Tú solo puedes avanzar más rápido (a veces), pero acompañado llegas más lejos.
  3. Asume que habrá momentos difíciles: Los cambios suelen traer estrés. Asume desde el principio que habrá momentos en los que lo pasarás mal, cuando lleguen, estarás más preparado.
  4. Vuelve al plan: Imagina que cada vez que no te apetezca entrenar, no entrenas. No vas a conseguir nada de esta forma. Cuando esos momentos difíciles aparezcan: vuelve al plan; no pienses, ejecuta. La parte de pensar ya la hiciste en un momento de lucidez cuando trazaste el plan.
  5. Disfruta el proceso: Vivimos en una sociedad que parece que sólo importan los resultados, el punto final. Pero eso es sólo un paso del camino. Los cambios conllevan normalmente muchos pasos intermedios, ¿te vas a quedar sólo con uno?

Salud!

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