Procrastinación: Parte 2

Si lees esto y no has leído la primera parte, te recomiendo encarecidamente que lo hagas haciendo click aquí. En el artículo anterior vimos qué es la procrastinación, por qué pasa y por qué no deberías hacerlo. Hoy toca ver cómo ganarle la partida a esas ganas de hacer cualquier cosa menos aquello que se supone que tendrías que hacer.

Pero para entender esto primero vamos a analizar en detalle a su enemigo: la acción. Así es, la acción es enemiga de la procrastinación, pues implica justo lo contrario: hacer vs posponer. Mojarse vs pensar en el agua.

Acción: planificación y ejecución

Como ya he dicho, la acción es enemiga de la procrastinación. La acción es útil, te lleva a algo, implica movimiento, es enemiga de la inercia de quedarse sentado haciendo scroll infinito en 5 redes sociales desde el sofá, implica remangarse los pantalones y meterse en el barro. Pero, ¿cuál es realmente la diferencia entre la acción y la procrastinación? ¿En qué punto de hacer algo útil el cerebro del procrastinado simplemente abandona el mando a la gratificación instantánea de otras actividades?

La vida no te va a esperar

Planificación

Absolutamente todo lo que haces pasa por una fase de planificación, mayor o menor. ¿Qué es planificar? Asignar una fecha y hora de inicio a una tarea, así como una duración (o fecha e inicio de finalización). Desde tareas triviales como “voy a lavarme los dientes” a cosas como “tengo una cita para la revisión del coche el viernes a las 9”, todo tiene cierta planificación.

Una persona que no procrastina se planifica las cosas y cuando llega el momento las ejecuta. Además suele planificar cosas abordables en el tiempo que les asigna (consciente o inconscientemente), sabiendo también adaptarse a las circunstancias que puedan surgir. Sin embargo, ¿qué hace un procrastinador?

Pues ¡planificar!

La planificación es amiga y enemiga de la acción. Es amiga cuando tiene sentido, cuando las tareas tienen asignadas un hueco suficiente para ser realizadas, en un momento del día en el que encajan. Es enemiga cuando pasa lo contrario, que es bastante frecuente con los procrastinadores, ejemplo:

Sábado procrastinador 13 de Febrero

  • Levantarme a las 06:00
  • De 06:00 a 07:00 – Correr 10 kilómetros (cuando llevas meses sin correr)
  • De 07:00 a 08:00 – Desayunar y repasar las finanzas personales.
  • De 08:00 a 09:00 – Limpiar la casa.
  • De 09:00 a 11:00 – Estudiar ese idioma que llevo semanas sin tocar.
  • De 11:00 a 12:00 – Cocinar para toda la semana.
  • Etc.

Te puedes imaginar el resto del día con tareas imposibles de realizar todas sin un mínimo hábito detrás y que pueden llegar a resultar agotadoras física y mentalmente. Es decir, una planificación irrealizable que probablemente acabe siendo dejada de lado, dedicando el tiempo de ese día a otros quehaceres.

No hagas esto

Ejecución

La segunda parte de una acción es la ejecución: “Voy a lavarme los dientes” y lo hago 10 segundos después de haberlo pensado; “Voy a llevar el coche a revisión” y lo hago el día y la hora que acordé con el taller. Los procrastinadores no es que no hagan nada, sino que hacen OTRAS COSAS.

En lugar de salir a correr se ponen a ordenar el armario porque claro, hasta que no esté todo en su sitio, ¿cómo van a salir a correr? ¿Cómo voy a entrenar de forma regular si no tengo ESAS zapatillas rosa fosforito? Así que me recorreré Amazon y 3 tiendas más online en busca de algo que no necesito para así no hacer eso que realmente debería hacer.

El procrastinador normalmente no está inmóvil sin hacer nada, sino que en lugar de hacer caso a su centro lógico, ha dado los mandos al mono de la gratificación instantánea. Y dicho todo esto, ¿cómo evitar procrastinar?

Evitar procrastinar

Te traigo algunas técnicas o puntos que te puedes aplicar si consideras que eres una persona que procrastina, que tiene tendencia a ello o simplemente si quieres mejorar un poco tu productividad en el día a día, ya que todos a veces sucumbimos a ciertas distracciones que podríamos evitar:

  1. Márcate objetivos: Objetivos alcanzables, medibles, con un horizonte temporal, definidos… ¡Lo de siempre! Que se alineen con aquello que quieras conseguir y a ser posible que tengan el nivel de dificultad justo para que ni te aburras ni te sea imposible.
  2. Se consciente de tus excusas: Ya dije que la práctica de Mindfulness tenía muchas ventajas, una de ellas es ser consciente de cuándo te pones excusas. Escucha lo que te dices a ti mismo justo antes de no hacer algo que realmente querías hacer.
  3. Esconde distracciones: Yo cuando no quiero comer patatas fritas para alimentarme mejor, no las compro (no tengo fuerza de voluntad, si las compro me las como). Apaga o bloquea el teléfono con alguna aplicación durante 1 hora y dedícate a aquello que tenías que hacer.
  4. Olvida el perfeccionismo: Mejor hecho e imperfecto, que no hecho pero perfecto (en tu cabeza, no existe en otro sitio porque no está hecho). Querer que algo salga a la perfección es una perfecta excusa para no empezar a hacer, recuerda que si lo intentas, podrá salir bien o mal, pero si no lo intentas te aseguras de que salga mal.
  5. Memento mori: Recuerda que eres mortal, tu tiempo no es infinito y además se va más rápido de lo que pueda parecer. ¿Qué estás postergando? ¿Hasta cuándo? ¿Realmente es algo que quieres hacer? Porque si lo es, no lo dejes demasiado o puedes quedarte sin hacerlo.

Respecto del último punto, te traigo un pequeño mapa de mi vida en semanas: Cada recuadro es una semana y en colores están mis etapas de estudios (colegio, instituto, bachiller, universidad y máster, además de la etapa profesional), pintaría algo así:

Mi vida en semanas

Si quieres ver el tuyo, puedes irte a este enlace. ¿Qué quiero decir con esto? No es que viva la Pepa y todo vale, sino que hay que tener presente que el tiempo que vivimos es finito, por eso, prefiero dedicarlo a hacer aquello que me aporta valor, aunque en cierto momento no me apetezca, en lugar de caer en la gratificación instantánea de tareas fáciles de hacer pero carentes de significado.

Por último recuerda que descansar no es procrastinar, últimamente también se bombardea mucho, especialmente en redes sociales, con la “productividad” y lo “guay” que es estar siempre ocupado. Ocupado no tiene por qué ser productivo. Lo más productivo es balancear de forma correcta tiempos de trabajo, ocio, ejercicio y relaciones interpersonales. Cuando se pierde ese equilibrio, empiezan los problemas.

Salud!

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