Relativizando problemas

No nos engañemos, todos tenemos problemas, en cualquier parte del mundo. O al menos todos los hemos tenido en algún momento y seguro que todos los tendremos, ya sean de una u otra índole. Los problemas son una parte natural de la vida que todos los habitantes de este planeta y nuestra forma de resolverlos ha sido una de las claves de nuestro desarrollo como especie. Es más, somos resolvedores de problemas innatos, ¡aunque alguno lo disimule muy bien!

En las tribus perdidas en África su principal ocupación es la búsqueda de alimentos, agua y protección ante depredadores. Si estás leyendo esto probablemente no sea tu situación ahora mismo, pero no quita que estés libre de problemas o al menos situaciones que tengas que resolver, sin que sean algo malo o peligroso de por sí, ¿verdad? Salud, familiares, finanzas, trabajo, declaración de la renta, trámites burocráticos, etc.

La maravillosa vida del adulto occidental está plagada de cosas que pueden dar dolor de cabeza.

El cubo de rubik, ¿un juego o un problema? Pues según cómo se mire

¿Cómo resolvemos los problemas?

Verás, este artículo no va de resolver problemas, sino de relativizarlos y darles la importancia que les pertenece sin que nuestras emociones nos nublen demasiado, pero esta parte es importante.

Desde pequeño, si has estado atento a clase (y tenías buenos profesores) te enseñaron una buena forma de resolver problemas: Las matemáticas. ¿Qué tienen que ver los problemas que puedas tener en tu vida con los de calcular cuándo se cruzaban 2 trenes? En su forma de resolverse:

  1. Comprender bien el enunciado y qué se pide.
  2. Analizar los datos que hay y clasificarlos en útiles e inútiles.
  3. Plantear la resolución general del problema y dividirlo en pasos abordables.
  4. Plantear cada paso y resolverlo.
  5. Obtener la solución final.

Las emociones

De una forma u otra, ya sea siguiento todos los pasos o simplificando algunos, nuestros problemas también los resolvemos de una forma muy similar. Pero hay una gran diferencia que es nuestra involucración emocional. Cuando nos pasa algo, empezamos a sentir cosas: emociones, pensamientos, cabilaciones sobre qué pasaría si… Y es normal, no es lo mismo resolver un problema de trenes del instituto que una situación compleja en tu vida de adulto.

Así, en lugar de: «comprender, analizar, dividir, resolver partes y obtener la solución final» lo que a veces tenemos es: «comprender, esto por qué ha pasado, ahora qué hago, qué será mejor, me quedo sin tiempo voy a hacerlo todo, no estoy haciendo nada, bueno a ver si así…«

Magnificación de los problemas propios

Una de las primeras cosas de las que debes ser consciente al enfrentarte a una situación que debas resolver es que lo que nos pasa a nosotros, solemos verlo con una magnitud mayor de la que realmente es. Hoy te voy a traer algunas citas y voy a empezar con una de Epicteto que me gusta mucho:

No son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir, sino lo que nosotros nos decimos sobre esas cosas.

Epicteto

En ocasiones al tratar con los problemas que nos plantea la vida, nos hace sufrir más el cómo imaginamos que son que lo que realmente son.Incluso algunos sufrimos por adelantado, ¡por si acaso! Además, cuando el problema o la situación que se nos plantea es compleja y nos afecta personalmente, se puede dar el caso de la parálisis por análisis, que es un bloqueo ante algo que nos aturrulla.

Lo curioso, sin embargo, es que una situación idéntica que le ocurra a otra persona, somos mucho más capaces de resolverla de manera lógica y ordenada. Lo que me lleva a otra cita del filósofo griego:

En las desgracias propias hay que acordarse del estado de conformidad con que miramos las ajenas.

Epicteto

Entonces, ¿qué hacer ante un problema?

Afrontando problemas

¿Cómo resolver cualquier problema? Pues depende, depende del problema, de ti, de tu entorno y de tu situación. Si hubiera una respuesta única para ello y yo la supiera, quizás fuera millonario y no estaría aquí escribiendo esto. Pero como he dicho antes, hoy no te hablo de resolver, sino de relativizar. Entonces, ¿cómo afrontar esos problemas o situaciones para que no se hagan más grandes de lo que son en tu cabeza?

Pues en lugar de irnos a una forma estándar para resolverlo todo desde el inicio, vamos a ir de atrás hacia adelante: ¿Cuándo parecen menos complejos los problemas? Se me ocurren tres situaciones:

  1. Cuando le ocurren a otro. Tal cual, como he dicho antes, si lo que te pasa a ti le pasara a un amigo es bastante probable que te fuera muy fácil dar consejo. ¿Por qué no hablarte a ti mismo como si fueras un amigo?
  2. Cuando ya han pasado. A toro pasado todo se ve más fácil, pues tenemos más información que antes de que ocurra. Una forma de practicar la perspectiva es ver lo que te ocurra desde dentro de 5 o 10 años, ¿será entonces tan importante?
  3. Mientras tomas acción. El mayor enemigo de la preocupación es quitar el prefijo «pre-«: la ocupación. Mientras estás ocupado, tomando acción en resolver algo, te pre-ocupas menos. Si no sabes qué hacer, haz algo, si no es ese el primer paso que tienes que dar para resolverlo no pasa nada, llegarás a él. La acción resuelve, pensar y preocuparse no.

Dicho esto, he estado un tiempo sin escribir nada por tener que resolver ciertas situaciones (nada grave, todo burocracia pero que involucraba que yo estuviera en 3 países distintos en un corto periodo de tiempo y con un alto grado de incertidumbre). Lo que te pongo hoy es algo que he tenido en mente en este último mes ya que me lo he tenido que aplicar.

¿Y cómo lo he aplicado? Pues con una avanzadísima técnica: escribiendo.

Escribir da distancia, te hace ver el problema con perspectiva. De hecho es lo que he hecho toda mi vida estudiantil al plantear la resolución de problemas. Una lista de tareas ordenadas, un calendario esquemático de qué tiene que estar para cuándo y ya lo único que queda es ir haciendo.

O incluso mejor aún: usa google calendar o algo similar para colocar las tareas en días y horas específicos.

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