Siddhartha parte 2

Como dije en la parte 1, este maravilloso libro aunque corto, es muy intenso y se le puede sacar mucho jugo. En esa primera parte nos encontramos a un Siddhartha joven, inconformista, en búsqueda, frustrado o con falta de sentido o propósito. El libro nos cuenta cómo trata de acercarse a ese propósito, que para él es la búsqueda de la verdad.

La segunda parte concurre a partir de ahí, cuando decide embarcarse en nuevos cambios vitales, cuando experimenta su adultez y su mente va madurando, encontrando respuestas y reformulando preguntas. Esta está llena de mensajes, si bien ambientada en la India de hace 2500 años, al ser una novela alegórica, se le puede (y debe) sacar partido para nuestras vidas actuales y occidentales. Allá vamos:

Kamala

Un día, peregrinando por el bosque, Siddhartha llegó a una gran ciudad y se sintió feliz, pues tenía muchas ganas de ver gente tras varios años viviendo en el bosque. Al entrar, junto a un bosquecillo cercado, se encontró con un cortejo de siervos y criados llevando un palanquín, dentro iba una hermosa dama recostada entre cojines, Kamala. Tal fue el efecto que produjo en él, que decidió que iría a conocerla, pero no cubierto de polvo, con barba y cabellos largos y cubiertos de polvo, así que hizo amistad con el barbero de la ciudad y volvió al día siguiente a los jardines de Kamala.

Siddhartha le pidió a Kamala que lo instruyera en el arte que ella dominaba a la perfeción, el arte del amor. Ella acepta pero con una condición: que Siddhartha vuelva con vestidos elegantes, zapatos bonitos, mucho dinero en la bolsa y regalos para Kamala. Entonces él volvió a la ciudad para conseguir esas tres cosas: vestidos, zapatos y dinero. Para él, que había sido un samana del bosque, que había estado semanas sin comer, sufrido frío y calor, tormentas y sequías, eran tres cosas muy simples. Para él, que conocía lo que era sufrir de verdad, conseguir posesiones materiales era sólo un juego.

Los hombres niños

Así fue a ver a Kamaswami, un mercader, con objeto de conseguir aquello que requería Kamala. Aquí cabe destacar la conversación que tiene Siddhartha con el mercader, que empieza hablando:

– Si vienes de donde los samanas, ¿cómo no vas a estar en la indigencia?

– No poseo bien alguno –replicó Siddhartha–, si a eso te refieres. Pero es por mi voluntad, de modo que no estoy en la indigencia.

– Pero permíteme: si no posees nada, ¿qué cosas quieres dar? ¿Qué has aprendido? ¿Qué sabes hacer?

– Sé meditar, esperar y ayunar.

– ¿Es todo?

– Sí, creo que es todo.

– ¿Y de qué te sirve? El ayuno, por ejemplo, ¿para qué es útil?

– Es muy útil, señor, cuando un hombre no tiene qué comer, lo más inteligente será que ayune. Si, por ejemplo, Siddhartha no hubiera aprendido a ayunar, ahora tendría que aceptar cualquier empleo, en tu casa o en otra parte, pues el hambre lo impulsaría a ello. Pero al ser como es, Siddhartha puede esperar tranquilamente, pues desconoce la impaciencia y la necesidad; puede aguantar el asedio del hambre largo tiempo, y encima reírse de él. Para eso, señor, sirve el ayuno.

Conversación entre Siddhartha y el mercader Kamaswami

Tras esta conversación, Siddhartha consiguió un empleo en los negocios del mercader, donde participó activamente. Para él era como un juego: comprar, vender, acordar precios, cerrar tratos. Le divertía ver cómo la gente se enfadaba y saltaba de júbilo al ganar o perder dinero.

Veía que los seres humanos se entregaban a la vida con un apego infantil o animal que él amaba y despreciaba al mismo tiempo. Los veía esforzarse, padecer y encanecer por lograr cosas que, según él, no merecían aquel precio: dinero, pequeños placeres y escasos honores; los veía reñir e insultarse unos a otros, quejarse de dolores que habrían hecho reír a un samana, y sufrir por privaciones que un samana ni siquiera notaría.

Siddhartha observando a los hombres niños, comparando sus «sufrimientos» con los de los samanas

Sansara

Estuvo un largo tiempo, muchos años, envuelto en el bienestar. Se hizo rico y dueño de una casa propia, con servidumbre y jardines. Le empezaron a afectar las pérdidas y ganancias de sus negocios, se empezó a sentir cansado, insatisfecho, enfermizo y malhumorado, con desidia y ausencia de amor. La enfermedad espiritual de los ricos se fue apoderando lentamente de él y se fue callando aquella voz interior que lo guiaba, a causa de las voces exteriores que lo distraían. Así, aprisionado en las redes del sansara, de la existencia mundana basada en bienes materiales, decidió nuevamente dejarlo todo tras muchos años.

A orillas del río, El barquero

Tal era su hastío que deseaba no saber ya nada más sobre sí mismo, quedarse en paz, estar muerto. Llegó al gran río del bosque, un río que cruzó años atrás cuando vino de la ciudad de Gotama. Sintió que no le quedaba otra solución que apagarse, arrojarse al río y que lo devoraran los peces y cocodrilos. Fue en ese estado, cuando su mente turbulenta lo atosigaba constantemente, cuando de repente todo se acalló y sólo escuchó una sílaba única, simple y que escondía toda la verdad: el om.

En ese instante se dio cuenta del grave error que estuvo a punto de cometer, sin embargo se sentía tan cansado que cayó dormido bajo un árbol, a las orillas de aquel río. De nuevo se encontraba en peregrinación, aunque aún vestía como un hombre rico y no como un peregrino, había dejado sus riquezas atrás. Se encontraba justo donde años atrás, pero siendo más viejo.

¡Qué extraño! ¡Ahora que ya no soy joven, que mis cabellos han encanecido a medias, que las fuerzas me abandonan: ahora he de empezar de nuevo, como en la infancia!

Decidió quedarse a orillas de ese río, buscar al amable barquero que le ayudó a cruzar muchos años atrás y aprender de él. Y así hizo, se deshizo finalmente de sus ropas de hombre rico y fue a vivir y trabajar con el barquero Vasudeva, para ayudar a más gente a cruzar aquel río de un lado a otro. Pasaron años juntos.

Un día les llegó la noticia de que Gotama, Buda, estaba moribundo, ya en su lecho de muerte y muchos peregrinos iban en tropel a verlo, entre ellos Kamala con su hijo, el pequeño Siddhartha. No se hallaban muy lejos de la barca de Vasudeba cuando el pequeño obligó a su madre a hacer un alto en el camino y descansar. Sin embargo durante el descanso, una serpiente mordió a Kamala, que fue atendida por Vasudeva y traída a la cabaña donde vivían. Sin embargo, Kamala murió por la picadura de la serpiente y el pequeño Siddhartha se quedó a vivir con el barquero Vasudeva y con Siddhartha, su padre.

El hijo, Om y Govinda

El hijo de Siddhartha se quedó a vivir con ellos, sin embargo en lugar de traerle paz a su padre, le trajo congojas y preocupaciones. Se mostraba hosco y sombrío, no ayudaba en las tareas de mantenimiento de la casa y la barca. Siddhartha lo trataba con amabilidad y cariño, no lo obligaba, pegaba ni le daba órdenes, sin embargo la actitud del joven seguía igual. Hasta que un día se escapó, se llevó la barca al otro lado del río mientras ambos hombres dormían y tiró los remos al río.

Esto le produjo a Siddhartha una herida en su corazón. Sintió vacío, tristeza y un dolor ardiente que le acompañó durante largo tiempo, en especial cuando transportaba al otro lado del río a padres acompañados de sus hijos. Un día, en el que la herida le ardía intensamente, se acercó al río con intención de cruzarlo e ir a buscar a su hijo y oyó cómo el río se reía y se burlaba de él:

Y entonces recordó que mucho tiempo atrás, de joven, había obligado a su padre a dejarlo ir con los ascetas. ¿No habían sido los sufrimientos de su padre similares a los que él, ahora, padecía por su hijo?

Fue en ese momento cuando Siddhartha se dio cuenta de que había estado castigando a su hijo durante largo tiempo al obligarlo a estar con él y con el barquero Vasudeva. Y vio representado en el río el Om, la unidad. El río tenía un comienzo y un fin y estaba presente a lo largo de todo su recorrido, sin embargo el agua del comienzo y del fin no era la misma, estaba estático y en movimiento a la vez. Lo vio como representación de la vida y el universo, un ejemplo claro de que lo único constante es el cambio. Y aceptando ese constante cambio, encontró paz interior aunque su herida aún doliera, ya que sabía que pasaría.

Finalmente el libro termina con una charla filosófica entre Govinda y Siddhartha, que se encuentran por casualidad al necesitar cruzar el río Govinda en uno de sus viajes como monje. Os animo a que la leáis, es quizás demasiado profunda para que yo la analice correctamente.

Conclusiones

Como puedes ver, es un libro lleno de enseñanzas sobre la vida, sobre cómo nos preocupamos de cosas insignificantes, cómo sufrimos por motivos que nos podrían hacer incluso reír y cómo afrontar el dolor y la pérdida. En esta segunda parte se tratan temas más adultos y variados que en la primera, enfocada a la búsqueda:

  • Bienes materiales: Vivimos en muchas ocasiones atados por el apego que le tenemos a nuestros bienes materiales, cuando Kamala le dice a Siddhartha lo que necesita (zapatos, vestidos y dinero) él responde con un “¿sólo eso?”. Porque es exactamente sólo eso. Siddhartha elimina esta necesidad y eso le hace tomar mejores decisiones y ser capaz de esperar a mejores oportunidades.
  • Comodidad: La comodidad, el sansara, nos atrapa, incluso a alguien que ha sido un samana del bosque como Siddhartha. La comodidad contínua nos mengua los sentidos y nos hace perder perspectiva y dar cosas por sentado.
  • Desaprender: Volver a los orígenes, a ver el mundo con esa mente del principiante, del que no sabe nada. Esto nos hace tomar perspectiva y valorar lo que tenemos, volver a disfrutar aquello que muchas veces damos por hecho.
  • Felicidad y paz: Mi conclusión final sobre el libro es la relación entre la felicidad y la paz interior. Uno no es feliz cuando se siente bien, o mejor dicho, no es feliz por sentirse bien o por sentir placer. La felicidad la da la tranquilidad que produce el actuar de acuerdo a tus principios, aunque en ese momento estés pasando por una mala racha o haya ocurrido algo en tu vida que te haga sentir mal.

Y hasta aquí hemos llegado. Como ya he dicho es un libro que recomiendo leer y releer, que enseña mucho al que quiera aprender. Efectivamente la filosofía que muestra está basada en el budismo, pero considero que los valores personales que enseña (altruismo, bondad, humildad…) no entienden de religiones ni creencias.

Salud!

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